Por favor, ingresa tu nombre de usuario y tu correo electrónico Nueva contraseña
Regístrate ya
x

La mujer que soy

00

Alguna vez me hice esta pregunta: La mujer que soy, ¿es la mujer que quería ser? Y ahora, querida lectora te la hago a ti: ¿eres la mujer que querías ser?

Fíjate que no pregunto si has sido feliz o infeliz, te estoy preguntando si ¿elegiste ser lo que eres? o sientes que ¿otros eligieron por ti?.  No se si otras mujeres se han planteado este cuestionamiento, pero es una pregunta que llegó a mi vida hace muy poco y fue lo que me motivó a iniciar esta revolución llamada “Mujeriando”, a pensar que el mundo de las mujeres se tenía que reescribir, reinventar, volver a formatear, contarlo de otra forma, armar la ruta de recuperación de la identidad femenina desde encontrar la respuesta a esta pregunta. 

Algunas preguntas incómodas

¿Piensas lo que quieres o lo que debes? ¿tomas decisiones por lo que realmente te gusta o por lo que es correcto? has pensado ¿por qué llevas la ropa que tienes? ¿será  la moda o tu grupo social lo que marca esas decisiones? te has preguntado ¿por qué te sacrificas por otras personas?  ¿por qué muchas veces te acomodas a situaciones por evitar conflictos? ¿por qué si quieres llevar cabello corto no te atreves a hacerlo? o si quieres comer un postre te da miedo engordar? Te has preguntado si ¿lo que todos ven de ti es lo que tú quieres que vean? te has preguntado ¿por qué rivalizas con otras mujeres? ¿por qué juzgas el comportamiento de ellas a la luz de reglas o normas que nos dieron de niñas? ¿has pensado en la triple carga que llevas al elegir ser una mujer exitosa dentro del mundo laboral? ¿por qué te esfuerzas siempre por ser una buena y agradecida hija por encima de tus propias necesidades?

Bueno no voy a seguir con la lista de preguntas.  El punto de reflexión aquí es que ni siquiera hemos tenido la libertad individual de hacernos esa pregunta ¿quise ser la mujer soy? y la razón es que nuestra vida femenina está marcada por una sociedad para la cual somos invisibles hasta en el lenguaje, una cultura donde siempre estamos en desventaja, con más culpas, más cargas, donde siempre tenemos que demostrar que valemos, donde tenemos que abrirnos espacios a la fuerza volviéndonos valientes, aguerridas, verracas para sobrevivir.  Una cultura donde tener curvas nos convierte en objetos de placer sin nuestro deseo, donde es pecado ser inteligentes, una cultura que nos ha relegado al espacio de lo privado, donde además acontecen todos los abusos, porque lo público es cosa de los importantes, de machos.

Hemos vivido en un mundo donde se nos enseña por todas partes, en el hogar, la escuela, el trabajo, los medios, los grupos religiosos y sociales, lo que es propio de las mujeres y lo que es propio de los hombres.  

Es algo dado, es el cómo debo comportarme para ser una verdadera mujer.  Tratar de encajar y solucionar todo esto, se convierte  en nuestra única razón de vida.  Pero y ¿si esto no fuera lo que rigiera nuestra existencia como mujeres?, ¿si de verdad nos enfocamos en buscar  adentro de nosotras las respuestas para las que no nos hemos dado el tiempo de escuchar?.  

Cuando comencé a encontrar cada una de esas respuestas en mi vida,   me di cuenta que yo era lo que llaman un mujer exitosa laboralmente, realizada como madre, había tenido un matrimonio socialmente aceptado, tenía cierta estabilidad económica y social, era reconocida en los medios de comunicación local, había pisado diversos escenarios cantando y presentando eventos que es algo que adoro, pero en realidad no había dedicado tiempo al desarrollo de mi ser interior. Y mis verdaderas preferencias las había negociado con mi misma y aplazado miles de veces.  Hacia todo lo que hacía feliz a otras personas por encima de mí, permitía que se apropiaran de mis ideas sin defenderlas, e incluso descubrí que no estaba cómoda con quién era y aun así me quedaba callada y lo dejaba pasar.

Recordé entonces que amo sentirme libre y estaba prisionera,  me encanta la verdad y no era sincera conmigo misma.  

Puse mi empeño en retomar mis antiguas pasiones, las  que había dejado a un lado por estar ocupada demostrando que podía sobrevivir en este mundo desigual.  Cosas como conversar sobre la vida, escribir canciones, cantar, ejercer el periodismo de género libremente, ser emprendedora de proyectos, vivir una relación de pareja plenamente, arreglar mis asuntos emocionales con mis padres, con mis hermanos, cortar relaciones insanas con personas que eran una carga y sobre todo, y lo más importante, hablar de lo que no se podía. ¡Eso si que me liberó! no quedarme callada por tratar de ser la mujer que todos esperaban y por evitar un problema.  Trato de repartir las cargas con quien se declaró mi compañero de vuelo y lo que llamo !mi pareja de canto!.  Cuando empecé a hacer eso, y sólo cuando lo hice en serio, me di cuenta de verdad ¿qué mujer soy?.  Y tu cuando empiezas?

Tags

0 Opinión de otras mujeres Mujeriando “La mujer que soy”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Registrate Aquí